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La presión de hacerlo todo bien: cuando exigirte demasiado te aleja de ti


Vivimos en una época en la que parece que tenemos que hacerlo todo bien.


Ser buenos profesionales.

Tener relaciones sanas.

Cuidar nuestro cuerpo.

Ser buenos hijos, parejas, padres o amigos.

Tener una casa bonita.

Cuidarnos, descansar, disfrutar, avanzar, cumplir nuestros objetivos…


Y, además, hacerlo todo con una sonrisa.


Pero ¿qué ocurre cuando sentimos que no podemos permitirnos fallar?


La presión de estar siempre a la altura


A veces la exigencia no viene de una persona concreta. Nadie nos dice directamente que tenemos que hacerlo perfecto. Sin embargo, vamos interiorizando mensajes sobre cómo deberíamos ser y cómo debería ser nuestra vida.


Las redes sociales, las comparaciones, las expectativas familiares, el entorno laboral o incluso nuestras propias creencias pueden alimentar esa sensación de que siempre deberíamos estar un poco más arriba.


Más productivos.

Más delgados.

Más organizados.

Más exitosos.

Más tranquilos.

Más felices.


Y cuando sentimos que no llegamos a todo, aparece una pregunta que puede hacerse muy pesada:


“¿Qué estoy haciendo mal?”


Cuando hacerlo bien nunca parece suficiente


La autoexigencia puede parecer una virtud. Nos ayuda a esforzarnos, a responsabilizarnos y a querer mejorar.


El problema aparece cuando el “quiero hacerlo bien” se transforma en “tengo que hacerlo perfecto”.


Entonces el error deja de ser una parte normal de la vida y empieza a sentirse como un fracaso.


Podemos conseguir algo importante y, en lugar de disfrutarlo, pensar en lo que podríamos haber hecho mejor.


Podemos recibir un reconocimiento y restarle importancia.


Podemos descansar y sentir culpa porque todavía quedan cosas pendientes.


Incluso podemos llegar a posponer aquello que queremos hacer porque sentimos que, si no podemos hacerlo perfectamente, es mejor no hacerlo.


El perfeccionismo puede convertirse así en una fuente de ansiedad, autocrítica y agotamiento.


¿Y si no tienes que poder con todo?


Quizá una de las trampas de la presión social es hacernos creer que pedir ayuda, poner límites o reconocer que estamos cansados significa que no somos capaces.


Pero no poder con todo no significa ser débil.


Significa ser humano.


No puedes estar disponible para todo el mundo todo el tiempo.


No puedes tomar siempre la decisión perfecta.


No puedes evitar equivocarte.


No puedes controlar lo que los demás piensan de ti.


Y tampoco necesitas hacerlo.


A veces cuidarnos implica precisamente dejar de intentar cumplir todas las expectativas que hemos colocado sobre nuestros hombros.


Cambiar la pregunta


Quizá no se trata de preguntarnos:


“¿Cómo puedo hacerlo todo bien?”


Sino:


“¿Qué necesito realmente?”


¿Qué puedo hacer hoy?


¿Qué puedo dejar para mañana?


¿Qué expectativas son realmente mías y cuáles he aprendido de los demás?


¿Estoy intentando hacerlo perfecto o simplemente hacerlo lo mejor que puedo?


Y, sobre todo:


¿Me estoy tratando con la misma comprensión con la que trataría a alguien que quiero?


Porque probablemente a esa persona no le exigirías ser perfecta para considerarla valiosa.


Entonces, ¿por qué te lo exiges a ti?


No necesitas ser perfecto para ser suficiente


Tu valor no aumenta cuando cumples todas las expectativas.


Y tampoco disminuye cuando te equivocas.


Puedes ser una buena persona y cometer errores.

Puedes querer a alguien y necesitar poner límites.

Puedes ser responsable y estar cansado.

Puedes tener metas y necesitar parar.

Puedes querer mejorar sin estar constantemente señalando todo lo que haces mal.


Hacerlo bien no significa hacerlo perfecto.


A veces, hacerlo bien significa hacer lo que puedes con los recursos que tienes hoy y permitirte que eso sea suficiente.


Y quizá soltar un poco la presión no significa conformarte.


Quizá significa empezar a vivir desde un lugar mucho más amable contigo.



No tienes que hacerlo todo bien para estar haciéndolo bien.


Si sientes que la exigencia, la comparación o el miedo a equivocarte están ocupando demasiado espacio en tu vida, pedir ayuda psicológica puede ser un primer paso para comprender de dónde viene esa presión y aprender a relacionarte contigo de una manera diferente.


Con cariño, el Blog de Bea de Ro

Un espacio para parar, escucharte y volver a ti.

 
 
 

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