La pereza: ¿falta de ganas o una señal de que algo no va bien?
“Hoy no me apetece”.
“Lo haré mañana”.
“Sé que tengo que hacerlo, pero no tengo ganas”.
Todos hemos pronunciado alguna de estas frases. A veces dejamos una tarea para después porque preferimos descansar, distraernos o hacer algo que nos resulta más agradable. Y entonces aparece esa palabra que utilizamos con tanta facilidad: pereza.
Pero ¿es realmente pereza?
La pereza no siempre significa falta de voluntad
Tendemos a pensar que una persona perezosa es alguien que no quiere esforzarse. Sin embargo, desde la psicología, es importante mirar un poco más allá.

En ocasiones, lo que llamamos pereza puede estar relacionado con cansancio, saturación, falta de motivación, miedo a equivocarnos, frustración o incluso con una tarea que percibimos como demasiado complicada.
Por eso, antes de decirnos “soy una persona vaga”, puede ser más útil preguntarnos:
¿Qué me está impidiendo empezar?
La respuesta puede ser muy diferente dependiendo de cada persona.
Cuando aplazamos lo que nos genera malestar
Una de las formas más habituales en las que aparece la llamada pereza es cuando evitamos una actividad que nos resulta desagradable.
Tenemos que estudiar, hacer una llamada, ordenar la casa, comenzar un proyecto o resolver un problema pendiente. Pensar en hacerlo nos genera cierta incomodidad y buscamos algo que nos produzca una recompensa inmediata: mirar el móvil, ver una serie, dormir, salir o simplemente no hacer nada.
Durante unos minutos sentimos alivio.
El problema es que después puede aparecer la culpa:
“Otra vez lo he dejado para después”.
Y así se crea un círculo:

Tarea → malestar → evitación → alivio momentáneo → culpa → más dificultad para empezar.
La pereza también puede afectar a nuestra autoestima
Cuando repetimos este comportamiento, podemos terminar construyendo una imagen negativa de nosotros mismos.
“Soy un desastre”.
“No tengo fuerza de voluntad”.
“Siempre dejo todo para el último momento”.
Estas etiquetas no ayudan a cambiar el comportamiento. Al contrario, pueden hacer que nos sintamos incapaces y aumenten nuestra frustración.
No es lo mismo decir:
“Hoy me ha costado empezar esta tarea”
que pensar:
“Soy una persona perezosa”.
La primera frase describe un comportamiento. La segunda convierte ese comportamiento en una identidad.
¿Y si no necesitamos más disciplina, sino entender qué ocurre?
A veces intentamos solucionar la pereza obligándonos a hacer más cosas: levantarnos antes, organizarnos mejor, llenar nuestra agenda o exigirnos mayor productividad.
Pero quizá la pregunta adecuada no sea:
“¿Cómo puedo obligarme a hacer esto?”
sino:
“¿Por qué me está costando tanto hacerlo?”
Puede que necesitemos descansar.Puede que la tarea nos abrume.Puede que tengamos miedo de no hacerlo bien.Puede que no sepamos por dónde empezar.Puede que llevemos demasiado tiempo funcionando en automático.
Comprender el motivo no significa justificar que dejemos todo para después. Significa encontrar una forma más eficaz de actuar.
Un pequeño cambio puede marcar la diferencia

Cuando una tarea nos parece enorme, podemos reducirla.
En lugar de pensar:
“Hoy tengo que estudiar toda la tarde”.
Podemos empezar por:
“Voy a estudiar durante 15 minutos”.
En lugar de:
“Tengo que ordenar toda la casa”.
Podemos plantearnos:
“Voy a ordenar solamente esta habitación”.
Muchas veces el problema no es hacer la tarea, sino dar el primer paso.
Una vez comenzamos, la resistencia suele disminuir.
La próxima vez que sientas pereza, pregúntate:
Antes de juzgarte, prueba a hacerte estas preguntas:
¿Estoy realmente cansado/a?
¿Esta tarea me genera ansiedad o rechazo?
¿Me parece demasiado grande o complicada?
¿Tengo miedo de no hacerlo bien?
¿Estoy buscando una recompensa inmediata?
¿Llevo demasiado tiempo exigiéndome demasiado?
¿Qué pequeño paso podría dar ahora mismo?
Quizá descubras que detrás de ese “no me apetece” hay algo que necesita ser escuchado.
No siempre necesitamos vencer la pereza. A veces necesitamos entenderla.
Descansar cuando lo necesitamos no es pereza. Evitar constantemente aquello que nos preocupa tampoco es una solución.
La clave está en aprender a distinguir una cosa de la otra y encontrar un equilibrio entre escuchar nuestras necesidades y seguir avanzando hacia aquello que es importante para nosotros.
Porque detrás de la pereza puede haber muchas cosas. Y conocernos mejor es, muchas veces, el primer paso para cambiar.
Con cariño, El Blog de Bea Ro





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