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Prevenir el suicidio: hablar, escuchar y acompañar puede salvar vidas

hace 1 hora
5 min de lectura


El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que nos invita a hablar de una realidad que durante mucho tiempo ha estado rodeada de silencio, miedo y estigma.


Hablar del suicidio puede resultar incómodo. No siempre sabemos qué decir, cómo actuar o incluso si debemos preguntar directamente a una persona que nos preocupa. Sin embargo, precisamente por eso es importante hablar de prevención: porque detectar el sufrimiento, escuchar sin juzgar y facilitar el acceso a ayuda profesional puede marcar una diferencia.


El suicidio no es un problema que pueda explicarse por una única causa. Detrás de una conducta suicida suele existir un gran sufrimiento emocional y psicológico, en el que pueden intervenir diferentes factores personales, familiares, sociales y vitales.

Por eso, prevenir no significa simplemente intentar evitar una conducta. Significa también cuidar la salud mental, detectar el sufrimiento a tiempo y construir redes de apoyo en las que pedir ayuda sea posible.


Cuando el dolor hace que no podamos ver una salida


Las personas que atraviesan una crisis pueden experimentar un nivel de sufrimiento tan intenso que su capacidad para imaginar alternativas puede verse muy limitada.

En determinados momentos, el dolor puede ocupar prácticamente todo el espacio y hacer que la persona piense que esa situación no va a cambiar.


Puede aparecer desesperanza, sensación de vacío, culpa, soledad, sensación de ser una carga para los demás o la percepción de que no existe ninguna solución.


Es importante entender que querer dejar de sufrir no siempre significa querer morir. En muchas ocasiones, lo que existe es un deseo desesperado de que termine un dolor que parece insoportable.


Por eso, escuchar y acompañar puede ser tan importante.


¿Qué señales pueden alertarnos?


No existe una única señal que permita saber si una persona está en riesgo. Además, no todas las personas expresan su sufrimiento de la misma manera.


Sin embargo, debemos prestar especial atención cuando observamos cambios importantes en alguien cercano, especialmente si aparecen junto a expresiones de desesperanza o muerte.


Algunas señales que pueden indicar que una persona necesita ayuda son:

  • Aislamiento o alejamiento de familiares y amigos.

  • Pérdida de interés por actividades que anteriormente disfrutaba.

  • Cambios importantes en el estado de ánimo o en el comportamiento.

  • Sentimientos intensos de desesperanza, culpa o inutilidad.

  • Expresiones relacionadas con no querer seguir viviendo o con sentirse una carga.

  • Hablar de la muerte de manera repetida o realizar despedidas.

  • Un aumento significativo del consumo de alcohol u otras sustancias.

  • Descuidar de forma llamativa las rutinas y el autocuidado.

  • Experimentar una situación vital especialmente dolorosa acompañada de un gran deterioro emocional.


Estas señales no deben interpretarse de forma aislada ni como un diagnóstico. Pero sí pueden ser una invitación a acercarnos, preguntar y comprobar cómo se encuentra esa persona.


Preguntar directamente no “mete ideas en la cabeza”

Uno de los mitos más extendidos es pensar que preguntar a alguien si ha pensado en suicidarse puede provocar que lo haga.


La realidad es que preguntar de forma directa, empática y sin juzgar puede facilitar que una persona pueda hablar de aquello que está sufriendo.


No necesitamos hacer un interrogatorio ni encontrar las palabras perfectas.

Podemos empezar simplemente diciendo:

“Te noto diferente últimamente y me preocupa cómo estás. ¿Quieres contarme qué te está pasando?”

Si nuestra preocupación es mayor, también podemos preguntar directamente:

“¿Has pensado en hacerte daño o en no querer seguir viviendo?”

Preguntar no significa asumir que la persona está pensando en suicidarse. Significa que estamos dispuestos a escuchar incluso aquello que puede resultar difícil de decir.

¿Y qué hacemos si nos dice que sí?


Lo primero es mantener la calma y escuchar.


No debemos minimizar lo que nos cuenta ni responder con frases como:

“No digas tonterías.”“Tienes que ser fuerte.”“Piensa en todo lo bueno que tienes.”“Hay gente que está mucho peor.”


Aunque estas frases puedan decirse con buena intención, pueden hacer que la persona sienta que su dolor no está siendo comprendido.


Es preferible transmitir mensajes como:

“Gracias por contármelo.”

“No tienes que afrontar esto tú solo/a.”

“Estoy aquí contigo.”

“Vamos a buscar ayuda.”


Si existe un riesgo inmediato, es importante no dejar sola a la persona y buscar ayuda urgente, contactando con los servicios de emergencia o acudiendo a un servicio sanitario.

No debemos asumir que tenemos que resolver la situación nosotros solos. Acompañar también significa saber cuándo pedir ayuda.


La importancia de la ayuda profesional


La intervención psicológica puede ser fundamental para ayudar a una persona a comprender lo que está ocurriendo, disminuir el sufrimiento y desarrollar recursos para afrontar aquello que está viviendo.


Pedir ayuda psicológica no significa estar “loco”, ser débil o no saber afrontar la vida.

Al contrario: pedir ayuda es una forma de cuidarse.


Y no es necesario esperar a encontrarse en una situación extrema para acudir a un profesional. La prevención también consiste en pedir ayuda cuando empezamos a notar que algo no está bien.


La prevención empieza mucho antes de una crisis


Cuando hablamos de prevención del suicidio, a menudo pensamos únicamente en qué hacer cuando existe un riesgo elevado.

Pero prevenir también significa trabajar cada día en nuestra salud mental.


Significa aprender a reconocer nuestras emociones, desarrollar herramientas para afrontar los problemas, cuidar nuestras relaciones, pedir ayuda cuando la necesitamos y construir espacios donde podamos hablar de lo que nos pasa sin sentir vergüenza.


También significa prestar atención a las personas que tenemos cerca.


A veces creemos que alguien está bien porque sigue trabajando, estudiando, saliendo con amigos o cumpliendo con sus responsabilidades. Pero funcionar por fuera no siempre significa encontrarse bien por dentro.


Por eso, preguntar cómo está alguien y hacerlo de verdad puede ser un gesto mucho más importante de lo que imaginamos.


No hace falta tener todas las respuestas


Cuando alguien que queremos está sufriendo, podemos sentirnos impotentes.

Podemos pensar:

“No sé qué decirle.”“Tengo miedo de hacerlo peor.”“No sé cómo ayudar.”

Y está bien no tener todas las respuestas.


No somos responsables de solucionar el sufrimiento de otra persona. Nuestro papel puede ser mucho más sencillo y, al mismo tiempo, muy valioso:

estar, escuchar, tomar en serio lo que nos cuenta y ayudarle a conectar con profesionales y recursos adecuados.


A veces, acompañar no consiste en encontrar una solución inmediata, sino en conseguir que esa persona no tenga que atravesar sola uno de los momentos más difíciles de su vida.


Crear una cultura en la que pedir ayuda sea posible


La prevención del suicidio también requiere cambiar la manera en la que hablamos sobre salud mental.


Necesitamos dejar de asociar pedir ayuda con debilidad.


Necesitamos poder decir:

“No estoy bien.”

Sin miedo a ser juzgados.


Necesitamos poder hablar de ansiedad, depresión, soledad, duelo, desesperanza o sufrimiento emocional con la misma naturalidad con la que hablamos de otros problemas de salud.


Porque cuidar nuestra salud mental no debería ser el último recurso.

Debería formar parte de nuestro cuidado cotidiano.


Hoy, pregunta. Escucha. Acompaña.


El Día Mundial para la Prevención del Suicidio no debería ser únicamente una fecha en el calendario.


Puede ser una oportunidad para recordar que detrás de muchas personas que aparentemente están bien puede existir un sufrimiento que no conocemos.


Por eso, quizá hoy podamos hacer algo sencillo:

Preguntar a alguien que queremos cómo está.

Pero no preguntar por cumplir.

Preguntar y escuchar la respuesta.

Porque a veces una conversación no resuelve un problema, pero puede hacer que alguien se sienta menos solo.


Y cuando una persona siente que puede hablar, que alguien la escucha y que pedir ayuda es posible, estamos dando un paso importante hacia la prevención.


Si estás pasando por un momento difícil


Si estás atravesando un momento de gran sufrimiento, no tienes por qué afrontarlo en soledad. Hablar con una persona de confianza y buscar apoyo profesional puede ser un primer paso.


Si existe un riesgo inmediato para ti o para otra persona, contacta con el 112 o acude a un servicio de urgencias.


En España también está disponible la Línea 024, destinada a personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, así como a sus familiares y allegados.


Pedir ayuda no es rendirse.Pedir ayuda es empezar a cuidarse.


Psicología Beatriz Rodríguez. Tu salud mental también merece ser escuchada.

 
 
 

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